jueves 2 de julio de 2009
La inquietud de sí
I
- Según Séneca, uno alcanzaba una madurés en la vida al llegar a ese punto en el cual podía ver la naturaleza desde arriba, como si pudiera ubicarse en un punto central y elevado que le permitiera observar con mayor lucidez todo. Era el punto donde la inquietud de sí alcanzaba su resolución. Uno no llegaba a resolverse a sí mismo haciendo una introspección, sino todo lo contrario, logrando una perspectiva que le permitiera ver el plano entero, del cual uno forma parte. Supuestamente, en ese momento el hombre se da cuenta cuán pequeño es...
- ¿Se trata de una verdadera plenitud? ¿O no será simplemente un artilugio?
- Es al menos la explicación que extraigo de La hermenéutica del sujeto... claro que, nunca fui un lector atento.
II
Cada tanto las elecciones me llaman a provincia. No hago el cambio de domicilio porque me niego a vivir formalmente en tierra de Macri. Bah, ahora no tiene tanto sentido. Orlando y yo coincidimos en el Huerto de los Olivos, bajo la consigna de "votamos y luego vamos a la parrillita de Yrigoyen y Maipu".
Él votó en la mesa 19. Tardó diez minutos. Pero mi suerte es cabezadura para algunas cosas, sean los comicios o sean las mujeres. Me llevó una hora y media alcanzar la urna de la mesa 15. Orlando decidió atar su espera a la mía.
Allen: Me tienen las bolas llenas con los barbijos y el alcohol en gel.
Orlando: Paranóicos.
Allen: Che, bueno, -cof cof cof - te puedo contar de mi viaje a México, la verdad que muy lindo.
El viejo de atrás levantó la mirada, mientras yo tosía un poco. Alguna que otra mirada desprevenia habrá entrado en estado de alerta, mientras Orlando contenía su risa en una sonrisa.
Allen: Igual, hoy me tomé unos cuantos ibuprofenos, cosa de bajar la tremenda fiebre que tengo. Además, las articulaciones. Oh.
Orlando: Menos mal. Además, ante todo hay que ejercer el derecho democrático al voto.
Allen: Claro.
Tuve un breve ataque de tos. El viejo abrió los ojos espantado, pero simplemente se fue.
Orlando: Boludo, pensé que se armaba.
Allen: Tranquilo. Además, tenía cara de que iba a votar a De Narváez.
III
"Sólo tengo que ir a buscar a alguien adentro, salgo de toque", decía Oliver, estirando el cuello para ver algo de lo que ocurría en el boliche. El patova no le daba chance. Emma estaba adentro, entre fiesta, y él, como un idiota, buscándola. ¿Pero qué buscar cuando todo se ha terminado? "Estoy un tanto a la deriva", pensó Oliver.
"Odio Kimia", exclamó Oliver, mirando el cartel de neón azul. O se iba o se patinaba 25 pesos en la entrada, para buscarla a ella. Entonces le sonó el celular.
-¿Estás en cualquier lado? - preguntó Allen -. Este tipo de desvaríos son parte de mi libreto, pero sos vos el que está allá en busca de Emma. Yo no estoy donde está Day para nada.
- Claro. Puede ser. Sólo me urge hablarle, nada más. Aunque no sé exactamente cuáles serán mis palabras.
- ¿No sería mejor inventar aunque sea un borrador de lo que vas a decir?
- Siempre tengo borradores en la cabeza - contestó Oliver -. Pero esta noche la dibujo toscamente con crayones. Creo que esta noche es gris, ¿no?
- Mmm... Yo la siento azul. De ninguna manera gris, estás equivocado, hermano.
Oliver se puso a hacer la cola para entrar. Genial, perder el tiempo y el dinero, pensó. Un rato antes de entrar aparecieron Allen & Orlando & Felipe. Una especie de comité de ayuda o de junta que no sabía a dónde ir. Entraron los cuatro sujetos.
- Creo que estuve aquí -decía Allen -. ¿Esto es Katmandú?
- Kimia, se llama Kimia - contestó Felipe mientras divisaba la barra.
Oliver no podía evitar olfatear a Emma, percibirla en cada sombra que bailaba adentro del boliche. Ilusiones ópticas, de aquellas de las que habían hablado con Allen hace no tanto tiempo.
¿Está? - preguntó Orlando. Seguramente él estaba un tanto disgustado, pues no estaban donde quería. Además, seguramente se sentía obligado con respecto a Oliver.
- Pedime una Quilmes Bock - apuntó Allen a Felipe que ya estaba acodado.
Oliver buscaba, su mirada parecía rastrear todo el lugar, reincidía en los rostros, en las tonadas que cada una de ellas gesticulaba a su manera. Ninguna era Emma. Ella gesticulaba de una forma que él distinguía a años luz, no necesitaba ver sus modos para percibirlos.
- Estamos acá. Abandoná la búsqueda frenética, ya aparecerá - le dijo Allen. Ninguno de los dos creía que fuera psíquicamente posible.
- Me lo decís como si fuera así de fácil - dijo Oliver-. Creo que ahí la veo, al costado de la pista.
Entonces Allen vio cómo con toda decisión, pero sin palabras con las que munirse, Oliver se dirigió a Emma, que charlaba con otras dos amigas, o quienes fueran.
- ¿Da? - preguntó Orlando-.
IV
(sin conexión con Oliver ni el hecho anterior).
- Creo que te extraño, ¿vos no?
- Lo llamativo es que ante todo, te extraño justo cuando te tengo enfrente.
- Sí, es raro. Es que en realidad, el problema surge cuando nos volvemos desconocidos. Eso es lo que pasa. La imagen que queda grabada en nuestra memoria no se corresponde con el ser de carne y hueso que tenemos adelante. Cada uno tiene su historia personal, pero hay un pedazo de ella que siempre compartiremos vos y yo.
- Eso pensé. Aún te sigo reconociendo a la distancia, como si te detectara, como si mi cuerpo se diera cuenta de que vos le estás respirando cerca. No te das cuenta, pero tenés mucha fuerza, tanta que sacudís el aire con una sutileza capaz de golpearme a mí solo.
V
(Vuelta a la escena anterior)
Mientras vemos a Oliver entablar una conversación con Emma, nos esperamos el resultado del escrutinio.
- A veces, cuando creemos que todo está perdido, damos vuelta la cosa- decía Orlando-. En una de esas hasta vuelven.
- ¿Para tanto? - contestó Allen -. Esto me suena demasiado a un dislate, demasiado a algo que yo haría.
- ¡Maduren! - Felipe estalló -. Será una charlita, ahora lo tenemos de vuelta.
Efecticamente, Oliver retornó, mucho más rápido de lo que esperabamos.
- No es ella - informó a modo de primicia-. Me confundí.
- Las luces engañan, no te sientas mal - contestó cualquiera de los otros tres sujetos.
VI
- Es que Séneca, creo, no estaba tan lejos. Creo, cuando lográs una mejor percepción de vos mismo, es cuando otros te ayudan a levantarte un poco. Lo que obviamente le discutiré es que eso sea definitivo y sólido. La inquietud de sí sólo se revela, y debemos coincidir al menos en eso, cuando vivimos, esa especie de comunicación universal que...
- ¿Volvemos a eso del tejido de la carne?
- Volvemos...
- Según Séneca, uno alcanzaba una madurés en la vida al llegar a ese punto en el cual podía ver la naturaleza desde arriba, como si pudiera ubicarse en un punto central y elevado que le permitiera observar con mayor lucidez todo. Era el punto donde la inquietud de sí alcanzaba su resolución. Uno no llegaba a resolverse a sí mismo haciendo una introspección, sino todo lo contrario, logrando una perspectiva que le permitiera ver el plano entero, del cual uno forma parte. Supuestamente, en ese momento el hombre se da cuenta cuán pequeño es...
- ¿Se trata de una verdadera plenitud? ¿O no será simplemente un artilugio?
- Es al menos la explicación que extraigo de La hermenéutica del sujeto... claro que, nunca fui un lector atento.
II
Cada tanto las elecciones me llaman a provincia. No hago el cambio de domicilio porque me niego a vivir formalmente en tierra de Macri. Bah, ahora no tiene tanto sentido. Orlando y yo coincidimos en el Huerto de los Olivos, bajo la consigna de "votamos y luego vamos a la parrillita de Yrigoyen y Maipu".
Él votó en la mesa 19. Tardó diez minutos. Pero mi suerte es cabezadura para algunas cosas, sean los comicios o sean las mujeres. Me llevó una hora y media alcanzar la urna de la mesa 15. Orlando decidió atar su espera a la mía.
Allen: Me tienen las bolas llenas con los barbijos y el alcohol en gel.
Orlando: Paranóicos.
Allen: Che, bueno, -cof cof cof - te puedo contar de mi viaje a México, la verdad que muy lindo.
El viejo de atrás levantó la mirada, mientras yo tosía un poco. Alguna que otra mirada desprevenia habrá entrado en estado de alerta, mientras Orlando contenía su risa en una sonrisa.
Allen: Igual, hoy me tomé unos cuantos ibuprofenos, cosa de bajar la tremenda fiebre que tengo. Además, las articulaciones. Oh.
Orlando: Menos mal. Además, ante todo hay que ejercer el derecho democrático al voto.
Allen: Claro.
Tuve un breve ataque de tos. El viejo abrió los ojos espantado, pero simplemente se fue.
Orlando: Boludo, pensé que se armaba.
Allen: Tranquilo. Además, tenía cara de que iba a votar a De Narváez.
III
"Sólo tengo que ir a buscar a alguien adentro, salgo de toque", decía Oliver, estirando el cuello para ver algo de lo que ocurría en el boliche. El patova no le daba chance. Emma estaba adentro, entre fiesta, y él, como un idiota, buscándola. ¿Pero qué buscar cuando todo se ha terminado? "Estoy un tanto a la deriva", pensó Oliver.
"Odio Kimia", exclamó Oliver, mirando el cartel de neón azul. O se iba o se patinaba 25 pesos en la entrada, para buscarla a ella. Entonces le sonó el celular.
-¿Estás en cualquier lado? - preguntó Allen -. Este tipo de desvaríos son parte de mi libreto, pero sos vos el que está allá en busca de Emma. Yo no estoy donde está Day para nada.
- Claro. Puede ser. Sólo me urge hablarle, nada más. Aunque no sé exactamente cuáles serán mis palabras.
- ¿No sería mejor inventar aunque sea un borrador de lo que vas a decir?
- Siempre tengo borradores en la cabeza - contestó Oliver -. Pero esta noche la dibujo toscamente con crayones. Creo que esta noche es gris, ¿no?
- Mmm... Yo la siento azul. De ninguna manera gris, estás equivocado, hermano.
Oliver se puso a hacer la cola para entrar. Genial, perder el tiempo y el dinero, pensó. Un rato antes de entrar aparecieron Allen & Orlando & Felipe. Una especie de comité de ayuda o de junta que no sabía a dónde ir. Entraron los cuatro sujetos.
- Creo que estuve aquí -decía Allen -. ¿Esto es Katmandú?
- Kimia, se llama Kimia - contestó Felipe mientras divisaba la barra.
Oliver no podía evitar olfatear a Emma, percibirla en cada sombra que bailaba adentro del boliche. Ilusiones ópticas, de aquellas de las que habían hablado con Allen hace no tanto tiempo.
¿Está? - preguntó Orlando. Seguramente él estaba un tanto disgustado, pues no estaban donde quería. Además, seguramente se sentía obligado con respecto a Oliver.
- Pedime una Quilmes Bock - apuntó Allen a Felipe que ya estaba acodado.
Oliver buscaba, su mirada parecía rastrear todo el lugar, reincidía en los rostros, en las tonadas que cada una de ellas gesticulaba a su manera. Ninguna era Emma. Ella gesticulaba de una forma que él distinguía a años luz, no necesitaba ver sus modos para percibirlos.
- Estamos acá. Abandoná la búsqueda frenética, ya aparecerá - le dijo Allen. Ninguno de los dos creía que fuera psíquicamente posible.
- Me lo decís como si fuera así de fácil - dijo Oliver-. Creo que ahí la veo, al costado de la pista.
Entonces Allen vio cómo con toda decisión, pero sin palabras con las que munirse, Oliver se dirigió a Emma, que charlaba con otras dos amigas, o quienes fueran.
- ¿Da? - preguntó Orlando-.
IV
(sin conexión con Oliver ni el hecho anterior).
- Creo que te extraño, ¿vos no?
- Lo llamativo es que ante todo, te extraño justo cuando te tengo enfrente.
- Sí, es raro. Es que en realidad, el problema surge cuando nos volvemos desconocidos. Eso es lo que pasa. La imagen que queda grabada en nuestra memoria no se corresponde con el ser de carne y hueso que tenemos adelante. Cada uno tiene su historia personal, pero hay un pedazo de ella que siempre compartiremos vos y yo.
- Eso pensé. Aún te sigo reconociendo a la distancia, como si te detectara, como si mi cuerpo se diera cuenta de que vos le estás respirando cerca. No te das cuenta, pero tenés mucha fuerza, tanta que sacudís el aire con una sutileza capaz de golpearme a mí solo.
V
(Vuelta a la escena anterior)
Mientras vemos a Oliver entablar una conversación con Emma, nos esperamos el resultado del escrutinio.
- A veces, cuando creemos que todo está perdido, damos vuelta la cosa- decía Orlando-. En una de esas hasta vuelven.
- ¿Para tanto? - contestó Allen -. Esto me suena demasiado a un dislate, demasiado a algo que yo haría.
- ¡Maduren! - Felipe estalló -. Será una charlita, ahora lo tenemos de vuelta.
Efecticamente, Oliver retornó, mucho más rápido de lo que esperabamos.
- No es ella - informó a modo de primicia-. Me confundí.
- Las luces engañan, no te sientas mal - contestó cualquiera de los otros tres sujetos.
VI
- Es que Séneca, creo, no estaba tan lejos. Creo, cuando lográs una mejor percepción de vos mismo, es cuando otros te ayudan a levantarte un poco. Lo que obviamente le discutiré es que eso sea definitivo y sólido. La inquietud de sí sólo se revela, y debemos coincidir al menos en eso, cuando vivimos, esa especie de comunicación universal que...
- ¿Volvemos a eso del tejido de la carne?
- Volvemos...
Un desvarío de TomK@t, tipo 18:56 |
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